Branko Cestnik

Los jóvenes eslovenos y el enemigo postmoderno

Felicidad I

Los eslovenos llamamos a nuestra tierra "un país de bolsillo": 20.000 km2, 2.000.000 de habitantes, tres o cuatro ciudades de verdad ciudades. Somos poco o nada en la lógica de los grandes poderes planetarios, pero parece que somos algo en las riquezas geográficas y culturales: nos podéis tratar como a un país mediterráneo, alpino, centroeuropeo, balcánico... Los historiadores se preguntan: "¿Cómo, siendo tan pequeños, habéis sobrevivido cultural y biológicamente, tanto frente a los grandes mundos (germánico, italiano y húngaro) como al lado del permanente caos balcánico?". Los filólogos tienen otra pregunta: "¿Cómo, siendo tan pequeños, habéis creado y conservado tan gran variedad de dialectos con tan profundas diferencias?".

Sea como sea, aquí estamos. Y, además, desde 1991 somos una nación libre e independiente, organizada en una democracia de tipo occindental. Nuestra economía está aprendiendo muy rápidamente las leyes occidentales del mercado libre y quien ve nuestras calles de las grandes ciudades casi no nota diferencia respecto a las calles de Londres y Madrid. Hay coches Volkswagen, Ford y Seat, hay Coca-Cola, Nike y McDonald's, y en estos días (como todo el mundo desarrollado y bien informado) ya podemos contemplar las caras de Antonio Banderas y Bruce Willis en sus últimas películas.

Sí, nosotros somos un pueblo feliz.

Agresividad y chicles

Y luego viene la psicología social y nos define como un carácter nacional muy agresivo con un índice de agresividad más alto que el carácter nacional italiano. Respecto a nuestros vecinos latinos, la nuestra sería una agresividad que viene orientada hacia dentro, es decir un comportamiento autopunitivo y autodestructivo. Cada año se suicidan entre 500 y 600 personas. El número es impresionante vista la proporción con respecto a la población total y visto que en Eslovenia los suicidas son más que los que mueren en las carreteras.

Los demás que parecemos normales no somos tan normales. Una encuesta europea descubrió que los eslovenos somos la nación de Europa que más chicles consume.

Cuando me informaron de este hecho empecé a observar. Es verdad: somos un pueblo masticador. Yo mismo tengo un paquete de chicles en el coche y otro en la oficina en la cajita de los bolígrafos. Es que es muy normal tener chicles cerca de uno. Y no pasa nada si los expertos hablan de ansiedad y de vacío afectivo.

El enemigo de ayer

Un 72 % de los eslovenos se define católico. Después de 45 años de ateísmo de Estado y de una campaña de ateísmo programada desde la escuela, la cultura, la economía y la política este porcentaje no es bajo. Significa que la Iglesia supo defender la naturaleza espiritual del ser humano y el ser humano supo crear ambientes para estar con Dios.

Quizás la siguiente afirmación no gustará a los que se llaman progresistas, pero la Iglesia del Este sobrevivió gracias al culto y a la tradición. Quienes se interesan por los mecanismos profundos de la liturgia podrían estudiar cómo el amor por las formas rituales y por la decoración de los templos se mostró como vehículo comunitario privilegiado de auténtica experiencia eclesial.

La Iglesia funcionó cerrada en la sacristía y en lo esencial funcionó.

Al final de los años 70 hubo un intento de apertura y de diálogo con el poder comunista. Acabó mal. Una diócesis casi llegó al cisma. Quizá se puede dialogar con un filósofo marxista, pero no se puede dialogar con servicios secretos profundamente antirreligiosos, que no tienen otro objetivo que hacer daño a la Iglesia.

El enemigo postmoderno

No obstante, lo que ayer nos ayudó en la resistencia desde la sacristía hoy nos puede obstaculizar para cumplir la misión en la sociedad post-totalitaria. Una encuesta que hicimos hace algunos meses entre 1700 jóvenes creyentes (activos en las parroquias) de la diócesis de Maribor se interesó también por la experiencia religiosa más íntima. A la pregunta, ¿cuál es la actividad de tu grupo parroquial que más te gusta y te enriquece?, el 40% (la mayoría) respondió que lo que más le gusta y enriquece son las excursiones a la naturaleza y sólo el 2% que la actividad caritativa. Comparando estos datos con otros, los autores de la encuesta pudimos formular una tesis: la experiencia religiosa del joven esloveno es más estética que ética, mucho más intimista que social.

El enemigo postmoderno de la fe está dentro de nosotros y se llama interioridad por interioridad.

Esta es la herencia de vivir 45 años en la sacristía.

Felicidad II

La sociedad eslovena, ahora que vive por fin en un estado libre, pluralista y democrático, tiene unas oportunidades que hasta ahora no conoció. Podría descubrir recursos nuevos para ser de verdad una sociedad regulada por leyes de justicia social y de respeto a la individualidad de cada uno. La verdad que antes se producía en las oficinas del partido único, hoy podría con más facilidad desarrollar su naturaleza "sinfónica" y su potencial liberador. El diálogo entre los diferentes podría entenderse como fuente gozosa de crecimiento personal y comunitario. La economía, la política podría, ... podría...

Es triste pensar que ya es tarde para un cambio profundo del paradigma social e interpersonal. Parece que cambió sólo la estructura del mundo de ídolos, pero el mundo de ídolos se quedó. La palabra de los líderes comunistas no es ya una palabra dogmática, pero hoy es la palabra del cartel publicitario la que exige obediencia o al menos una mirada devocional. Parece que no pasa nada si a los eslovenos el chicle nos ayuda a llenar el sentido del vacío; lo importante es que nos consuelen y vivifiquen Banderas y Willis y que la masificación consumista nos haga menos solos.

Una vez más hay que organizar la resistencia y promover la libertad de la persona humana. Organizar, ¿con quién? Los jóvenes católicos parece que están ocupados con árboles, montañas y puestas de sol u otros fenómenos estéticos de la naturaleza.

Por eso uno de los desafíos más concretos y urgentes de nuestra educación religiosa es la salida del intimismo. Tenemos que educar al joven para que experimente su interioridad como el espacio dentro de nosotros en el cual habita el otro (el Otro) y que sin apertura al otro (al Otro) la interioridad es algo de fantasmagórico.

La responsabilidad hacia el prójimo como programa de nuestra felicidad.

http://www.ciudadredonda.org/marcos/campo_naciones.htm